Resumen

Nos gustaba decir: “Juan Javier Salazar es, actualmente, nuestro mejor artista conceptual vivo”. Ahora ya no está más con nosotros. En este año, 2017, hemos sentido más que nunca su ausencia. El entrañable Juanja, como le decíamos sus amigos, nos dejó el primer día de noviembre del año pasado. Su conceptualismo, pienso, se forjó en la zona ciega de nuestro arte; esto es, en la década de 1970. Salazar había estudiado en la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Lisboa, en 1972. Luego, con esa imagen residual del arte europeo en su retina, estudió hasta el cuarto año en la Ensabap. Esto coincide con 1976, año crucial para el surgimiento y la consolidación de un horizonte de arte contemporáneo en el Perú: aquel que define una articulación nueva y sorprendente entre el “arte moderno” y el llamado, en esa época, “arte popular”. El retablista ayacuchano Joaquín López Antay había recibido un reconocimiento del Estado peruano, a manera de un Premio Nacional de “arte” y en la Ensabap los profesores de Juan Javier discutían si efectivamente el retablo era, por ejemplo, tan artístico como una pintura.