Resumen

Muchas veces, la casualidad puede cambiar el curso de una vida, al descubrir capacidades ignoradas en los propios protagonistas de una historia. Tal parece ser mi caso. Después de regresar a Lima en 1982, desde los Estados Unidos, me reincorporé a mi trabajo como profesor de inglés en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano (Icpna). Había concluido estudios de Administración Hotelera. Recibí propuestas de trabajo pero no quería romper totalmente con la docencia. Por eso, cuando el Icpna me ofreció la posibilidad de enseñar un par de horas al día y luego asumir tareas como jefe de servicios generales, lo acepté gustosamente. Al mencionado cargo se añadió otro, orientado a la organización de un programa de actividades estudiantiles. Ambas responsabilidades me mantuvieron tan ocupado que tuve que incluir sábados y domingos para supervisar actividades deportivas o ensayar las obras de teatro, o los talent shows. Esta última actividad contaba con la participación de más de un centenar de alumnos y trabajadores en conciertos que convocaron a varios miles de asistentes.