Reexiones sobre la Agricultura Urbana teniendo en cuenta los aspectos
sociales, económicos y ambientales que inciden sobre su desarrollo y aplicación,
bajo la concepción del desarrollo sostenible. Los temas involucrados se reeren a la
insuciencia alimentaria, la agricultura ecológica, la educación medioambiental,
la calidad de vida, la degradación ambiental, entre otros. Entre los principales
instrumentos considerados en la contribución de la agricultura urbana a la
sostenibilidad de las ciudades, se cuentan: el empleo que generan, la reducción
de índices de contaminación atmosférica, la protección de fuentes de agua, la
recreación social.
Palabras clave: agricultura urbana, agricultura periurbana, huertos urbanos,
agricultura ecológica, seguridad alimentaria, participación ciudadana, educación
medioambiental, área verde productiva, sostenibilidad.
Reections about the Urban Agriculture considering social, economic and
environmental aspects which affect their development and implementation, with
the approach of the sustainable development. The involved subjects talk about the
insufciency nourishing, ecological agriculture, environmental education, quality
of life, environmental degradation, among others. Between the main instruments
considered in the contribution of urban agriculture to the sustainability of the
cities, we have: the use that generates the reduction of levels of atmospheric
pollution, the protection of water sources, and social recreation.
Key words: urban agriculture, peri-urban agriculture, urban orchards,
ecological agriculture, food safety, citizen participation, environmental education,
productive green area, sustainability.
PAIDEIA XXI
Vol. 2, Nº 3, Lima, diciembre 2012, pp. 81-92
Resumen
Abstract
AGRICULTURA URBANA PARA LA
SOSTENIBILIDAD DE LAS CIUDADES
Fabiola Alvino
Fabiola Alvino
82
PAIDEIA XXI
1. LA CIUDAD SOSTENIBLE
El concepto de sostenibilidad, que
adquiere carta de ciudadanía universal
en 1987, con el Informe Brundtland,
“Nuestro futuro común”, producto del
trabajo de la Comisión Mundial sobre
Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD)
organizada por la ONU, desde entonces
se ha venido ramicando en diversos
campos del pensamiento y de la
actividad social contemporánea. Una
de las ramas más vigorosas es la que
asocia sostenibilidad con desarrollo,
concebidas como interdependientes
e interinuyentes. De allí que el
deterioro ambiental se derive de los
obstáculos que éste pueda representar
para el desarrollo; es pues una
perspectiva antropocentrista, distinta
a la ecocentrista que primaba en la
década del setenta (Pierri, 2005).
Posteriormente a la Cumbre de
la Tierra o Cumbre Río, de 1992, un
capítulo particularmente importante
en la concepción de la sostenibilidad
es el enfoque de las ciudades, en la
medida que más de la mitad de la
humanidad vive en centros urbanos.
Así, en el capítulo 7 de la Agenda
21 trata, junto a otros aspectos
concurrentes, del tema del deterioro
de los asentamientos humanos,
y se señala que los objetivos del
tratamiento de los asentamientos
humanos es mejorar la calidad social,
económica y ambiental de la vida
urbana y optimizar las condiciones de
vida y de trabajo de todos.
En 1996 se lleva a cabo, en Estambul,
la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre los Asentamientos Humanos,
denominada Hábitat II. En este evento
se estableció que “El Programa de
Hábitat, tiene por objetivo ser una
movilización mundial de acción a
todos los niveles con objeto de lograr
el desarrollo sostenible de todas las
ciudades, pueblos y aldeas del mundo
durante las dos primeras décadas
del próximo siglo”. El programa parte
del principio de que toda población
requiere una vivienda adecuada y
servicios básicos, un medio ambiente
sano y seguro, y el empleo productivo
elegido libremente.
En la búsqueda de Ciudades
Sostenibles, el territorio se integra al
balance y al equilibrio de los asuntos
humanos y estos a su vez buscan
no transgredir los límites de la
sustentabilidad que ofrece el territorio
buscando una armonía simbiótica.
En investigaciones recientes, se
señalan tres condiciones que deben
estar presentes en una ciudad para
alcanzar la sostenibilidad:
Asignación de “los usos de suelo
en forma mixta, para evitar los
grandes desplazamientos en el
espacio”.
Poseer “una forma compacta,
con el n de reducir distancias
en los desplazamientos y con
ello evitar el alto consumo de
combustible”.
Presentar “bajos niveles de
pobreza, una base económica
diversicada, y conservación de
las áreas verdes, sin basarse en
el uso del automóvil privado”.
La ciudad sostenible no es solo una
solución urbanística al problema de
Agricultura Urbana para la Sostenibilidad de las Ciudades
83
PAIDEIA XXI
la ocupación de un territorio; es una
visión dinámica e interrelacionada que
busca una relación directa entre las
estructuras físicas que la conforman
con el territorio que ocupan, así como
también con el factor humano, vale
decir, con los ciudadanos que la habitan.
Uno de los requerimientos de la
sostenibilidad de las ciudades es su
transformación de lugares usualmente
focos de contaminación, congestión e
inseguridad, en ciudades saludables
que redunden en una mejora de la
calidad de vida de sus habitantes.
La Organización Mundial de la
Salud (OMS), en su propuesta de
proyecto Ciudades Saludables bajo
un enfoque de salud, denió lo que
es una ciudad saludable, en línea
con el desarrollo urbano sustentable:
“... [la ciudad saludable] es una
que se encuentra involucrada en el
proceso de crear, expandir y mejorar
los ambientes físico y social y los
recursos comunitarios, que permiten
a las personas apoyarse mutuamente
al desarrollar todas las funciones
de la vida y desarrollar su máximo
potencial. Una ciudad saludable en
el futuro tendrá un ambiente físico
limpio, seguro y de alta calidad; y
operará dentro de su ecosistema.
Las necesidades básicas humanas
de los ciudadanos (comida, agua,
habitación, seguridad y trabajo) serán
satisfechas […] La ciudad tendrá
una economía vital, diversa, y sus
ciudadanos tendrán un fuerte sentido
de conectividad con su patrimonio
biológico y cultural, así como con
otros grupos e individuos dentro de la
ciudad. El diseño físico y de gobierno
de la ciudad será compatible con todas
estas circunstancias y las apoyará…”
(Devuyst, 2001: 28).
Dentro de esta perspectiva, se
justica el énfasis en el concepto
sistémico de la ciudad, que supone
el trabajo por espacios habitables,
justos y equitativos; la necesidad de
satisfacer las necesidades básicas de
los ciudadanos presentes y futuros; la
necesidad de una economía diversa y
el desarrollo equilibrado con respeto al
medio ambiente, entre otros.
Otra línea de interés para la
construcción de una ciudad sostenible
se desprende de la visión de las
ciudades no sólo como espacios para
la vida, como entes meramente
consumidores, sino como fuentes
de múltiples recursos, y cuyos
ciudadanos, o al menos una parte de
ellos, se dediquen a trabajar por la
mejora de su entorno. En este sentido,
la agricultura, una actividad que
tradicionalmente se consideraba ajena
a las actividades urbanas, se concibe
ahora como una posibilidad cada vez
mayor de integrarse a la ciudad.
Esta forma de agricultura que
se lleva a cabo dentro de los límites
o en zonas aledañas a las ciudades,
se conoce como Agricultura Urbana
y Periurbana (AU / AP) y constituye
hoy una práctica internacional tanto
del mundo desarrollado como de los
países en vías de desarrollo.
La agricultura urbana es la
práctica que se realiza en espacios
urbanos dentro de la ciudad o en los
alrededores, en zonas blandas (como
Fabiola Alvino
84
PAIDEIA XXI
traspatios, lotes) o en zonas duras
(terrazas, patios) utilizando el potencial
local que involucra la fuerza de trabajo,
el área disponible, el agua de lluvia,
los residuos sólidos, articulando
conocimientos técnicos y saberes
tradicionales con el n de promover
la sostenibilidad ambiental y generar
productos alimenticios limpios para
el autoconsumo y comercialización,
fortaleciendo el tejido social.
El término “Agricultura Urbana
y Periurbana” (AUP) fue propuesto
en 1999 por la FAO con el objeto de
referirse a un tipo de agricultura
que se constituyó en el marco de la
seguridad alimentaria en los países
subdesarrollados, aunque también
está en franca expansión en países
desarrollados, pero con otros objetivos.
La Agricultura Urbana se
vislumbra, por tanto, como un proceso
que permite aportar a ciertos aspectos
de la sostenibilidad de las ciudades,
en la medida que:
Se logran satisfacer en cierta
medida las necesidades
alimenticias y las necesidades
de disposición de los residuos
orgánicos; y se contribuye a la
creación de mercados alternos,
diversicando la economía.
Al trabajar la tierra, se logra
cierta sensibilidad por el medio
natural. Esta sensibilidad puede
derivar en la consideración
por las generaciones presentes
y futuras de los habitantes
urbanos.
Esta sensibilidad puede permitir
el cuidado y preservación de
ciertas características, prácticas
y tradiciones culturales
relacionadas con el ambiente.
Es decir, puede lograrse un
cambio de valores, instituciones
y pautas sociales.
Puede empezar a vislumbrarse
la relación de todo con el todo;
es decir, una conceptualización
sistémica de las ciudades y los
ciudadanos, y sus relaciones
inmediatas y globales con otros
ciudadanos, con otros seres
humanos, con la naturaleza.
Este reconocimiento de
interdependencia puede
llevar a fortalecer el apoyo
mutuo entre ciudadanos para
desarrollarse; empezando a
crear una comunidad fuerte.
La Agricultura Urbana (AU), por
tanto, puede ayudar a contribuir
en mayor o menor medida a
la construcción de una ciudad
sostenible: por su contribución al
ahorro e ingresos familiares; a la
educación; a la provisión de espacios
para la recreación y el contacto
con la naturaleza; a los benecios
ambientales, como la conservación
de áreas verdes, la inltración de
agua, el aumento de la biodiversidad
en un ambiente construido, el
aprovechamiento de los residuos
orgánicos, las aguas residuales y el
agua de lluvia; entre muchas otras
contribuciones a la ciudad y sus
ciudadanos.
En ciudades como Lima,
con limitados antecedentes en
su planeamiento, no se cuenta
Agricultura Urbana para la Sostenibilidad de las Ciudades
85
PAIDEIA XXI
con informes cientícos sobre la
importancia, la función y los aportes de
la naturaleza a la calidad del ambiente
y a la vida humana en los ambientes
urbanos consolidados. Por ello, es
pertinente adelantar investigaciones
que ayuden a conocer la mejor manera
para hacer que la naturaleza se
incorpore tanto al sistema de espacios
públicos que conforman la estructura
de la ciudad, como a aquellas áreas
reconocidas por su zonicación como
zonas de protección. Esto, porque
especialmente en ellas se maniesta
una gran riqueza y diversidad de
hábitats, caracterizados muchos
de ellos por nuevas y muy diversas
comunidades de plantas y animales, a
menudo ajenas a la región, pero que se
adaptan al microclima modicado que
permiten las ciudades. Estos vestigios
de comunidades de plantas nativas e
introducidas, existentes en todos los
rincones de las ciudades, requieren
una catalogación y evaluación de sus
funciones para reconocer su valor y
proponer su manejo y conservación
en pro del desarrollo sostenible de las
ciudades.
Las áreas verdes, lugares que son
hábitats potenciales para plantas y
animales, tales como los fragmentos
de bosques o prados, los corredores
bióticos y demás conectores, deben
integrarse a la planicación del
territorio urbano, más si se tiene en
cuenta que estos lugares proporcionan,
además del enriquecimiento del
paisaje, funciones ecológicas y de
mejoramiento de la calidad de vida
urbana, y oportunidades alternativas
para experiencias recreativas y
educativas.
2. LA AGRICULTURA URBANA
La FAO entiende la agricultura
urbana (AU) como: “pequeñas
supercies (por ejemplo, solares,
huertos, márgenes, terrazas,
recipientes) situadas dentro de una
ciudad y destinadas a la producción
de cultivos y la cría de ganado menor o
vacas lecheras para el consumo propio
o para la venta en mercados de la
vecindad” (Méndez, et al. 2005: 56). El
Centro Internacional de la Papa, Perú-
CIP, por su parte, concibe la AU como
“las actividades de producción agrícola,
procesamiento y distribución –dentro y
alrededor de ciudades y pueblos– cuya
motivación esencial es la generación
de consumo e ingreso personales; las
cuales compiten con otras actividades
urbanas por recursos urbanos escasos
de tierra, agua, energía y mano de obra
(…) incluye actividades de pequeña
y amplia escala en horticultura,
ganadería, producción de cereales y
leche, acuicultura y forestería” (Urban
Harvest, CGIAR: 2006).
En 1996, en la cumbre mundial de
la alimentación que organizó la FAO
en Roma, se reconoció como prioritario
el estudio de la agricultura urbana y
periurbana, así como el mejoramiento
de la eciencia de los sistemas de
abastecimiento y distribución de
alimentos en las ciudades.
En el 2001, en Quito, se realizó
el seminario internacional “La
agricultura urbana en las ciudades
Fabiola Alvino
86
PAIDEIA XXI
del siglo XXI”, donde se presentó gran
cantidad de trabajos y se concluyó con
la “Declaración de Quito”, en la que
se aboga por un desarrollo sostenible
de las ciudades que incorpore a la
agricultura urbana en la agenda
política y en la planicación urbana.
Actualmente, la AU se ha
constituido en una alternativa
para enfrentar los problemas que
se derivan del proceso creciente de
urbanización que viven las ciudades
y de los problemas de pobreza,
inseguridad alimentaria y bajos
niveles de calidad de vida que del
anterior se derivan. Por este motivo,
la literatura y las investigaciones
realizadas respecto a este tema es
bastante extensa, sobre todo, por
la multiplicidad de experiencias de
AU en el mundo, cada una de ellas
con particularidades especícas
(fundamentalmente porque depende
del contexto en el que se desarrollan
las estrategias). En suma, según
el PNUD y la FAO, “se estima que
alrededor del mundo 800 millones de
personas se dedican a la Agricultura
Urbana y desempeñan un papel
importante en la alimentación de las
ciudades de todo el mundo”.
En esta medida, la AU, al integrarse
en el proceso de la construcción de
una ciudad sustentable, posibilita
los componentes de este proceso –
lo cual no quiere decir, de ninguna
forma, que la adopción de estrategias
que promueven la AU no implique
limitaciones y dicultades.
En primer lugar, la AU contribuye,
en cierta forma, a mejorar la calidad
del medio ambiente, aunque por
sí sola no es la solución a los
problemas medioambientales que
presentan las ciudades: en muchas
experiencias, las personas que hacen
AU utilizan desechos orgánicos para
la elaboración de abonos orgánicos
para los cultivos, riegan los cultivos
con aguas residuales, y reutilizan
desechos para la construcción de
espacios para cultivar (como el caso de
las botellas de plástico). La AU también
ha surgido como un instrumento para
“mitigar el proceso de pérdida de
biodiversidad, incluyendo el cultivo de
plantas, cría de ganado o acuacultura
en los asentamientos humanos”
(Santandreu, Perazzoli, Dubbeling,
2002: 10).
Asimismo, la AU, dado el hecho
que surge (por lo general) como una
iniciativa individual, familiar y/o
comunitaria, al institucionalizarse
por medio de proyectos, programas, y
políticas, posibilita el establecimiento
de espacios de participación para la
discusión y la concertación respecto a
la diversidad de experiencias de AU, y a
los alcances de ésta. Se considera que
es necesario, al momento de formular
las intervenciones gubernamentales,
abrir los espacios de participación
para que los agricultores urbanos
tengan la posibilidad de dar a conocer
sus experiencias y sus perspectivas
respecto a la AU. Sólo así se garantiza
la inclusión participativa de los
actores involucrados –que fortalecen,
por consiguiente, sus compromisos
con el desarrollo del proceso–,
la concertación de los diferentes
Agricultura Urbana para la Sostenibilidad de las Ciudades
87
PAIDEIA XXI
intereses, y la aplicación más real de la
AU y su consolidación como alternativa
de construcción de ciudad sostenible.
De igual forma, la AU fortalece las
organizaciones existentes, potencia
la creación de unas nuevas, e incluso
posibilita la constitución de redes
entre las mismas organizaciones.
La AU practicada actualmente
en muchas ciudades del mundo,
constituye un modelo de actividad que
contribuye al logro de la Sostenibilidad
Urbana en cuatro dimensiones: la
ambiental, con la conservación de
áreas verdes al interior de la ciudad
y el aprovechamiento de residuos
orgánicos y aguas residuales en el
espacio de cultivo; la económica, con
la creación de empleo y ahorro a nivel
familiar; la social y la cultural, con la
oportunidad de fomentar actividades y
espacios de interacción e intercambio
de conocimientos y tradiciones.
Los ciudadanos necesitan de
un ambiente vivo donde crezca lo
verde y sea parte de las ciudades. La
agricultura urbana también puede
ayudar a mantener esas áreas verdes.
Obviamente, cada ciudad es diferente
y podrá orientar la aplicación en su
territorio especíco.
En consecuencia, la AU pretende
generar una producción alimentaria
en un entorno urbano de manera
auto gestionada en distintas escalas.
En términos generales, la expresión
AU ha sido aplicada para denominar
la producción agrícola en huertos
urbanos. Esta surge como potencial
plataforma de desarrollo alternativo
social, asumiendo el desafío de mejorar
espacios degradados, ocuparlos y
dar una puesta en valor de él y la
potencialización entre la recuperación
de los recursos del hábitat y la
creación de actividades productivas
agro-culturales, generando un
encadenamiento operativo de la
dimensión ecológica, económica
y social(visión integral).
Mediante el cultivo de todo sitio
disponible en el espacio abierto,
incluso sobre los techos, los
agricultores urbanos contribuyen a
incrementar las áreas verdes de la
ciudad, contribuyendo con su imagen
urbana, reduciendo la contaminación,
mejorando el suelo y la temperatura
de una zona urbana.
Pero si bien la AU es una práctica
con una ya larga historia internacional
y regional, es muy nuevo su abordaje
desde la perspectiva de la gestión
urbana y territorial. Hoy comienzan
a ser visualizadas con mayor claridad,
tanto en la teoría como en la práctica,
las múltiples formas en que la
Agricultura Urbana interactúa con
los diferentes elementos del desarrollo
urbano, y empiezan a caminarse los
primeros pasos para asumirla como
parte integral de las estrategias de
gestión urbana impulsadas a escala
municipal.
En esta perspectiva, la AU puede
ser un aporte a la construcción de
una gobernabilidad democrática en
las ciudades de los países en vías de
desarrollo. La AU ofrece la oportunidad
para que distintos grupos vulnerables
–tradicionalmente excluidos de los
sistemas políticos y económicos–se
Fabiola Alvino
88
PAIDEIA XXI
involucren en la vida socioeconómica
de la ciudad, a través de la práctica de
una actividad que tiene relación con sus
conocimientos y prácticas, facilitando
mecanismos de participación
comunitaria en la gestión ambiental y
el uso de la tierra. La AU re-valoriza la
cultura tradicional y puede reforzar la
identidad y responsabilidad individual
y comunitaria de respeto al entorno.
3. AGRICULTURA URBANA Y
CONSERVACIÓN DE LAS ÁREAS
VERDES EN LAS CIUDADES
La recuperación de las áreas verdes
es una prioridad de las ciudades. A
través de una adecuada planicación y
diseño del conjunto de áreas verdes de
la ciudad es posible obtener una serie
de benecios que, siendo compatibles
con la tradicional funcionalidad
recreativa y embellecedora de estos
espacios, contribuyan a una notable
mejora de la calidad ambiental del
medio urbano.
Los espacios verdes, principal-
mente a través de la vegetación arbó-
rea, contribuyen a la reducción de la
contaminación atmosférica, realizan-
do esta función mediante la captación
directa de compuestos presentes en el
aire (CO2, NO2, SO2, O3, partículas,
etc.), o bien de forma indirecta, mode-
rando la temperatura urbana, lo cual
contribuye a una disminución de las
emisiones de gases contaminantes re-
lacionadas con el consumo energético
ligado a la refrigeración de los edicios.
Otra importante función del verde
urbano es su papel en la moderación
del clima urbano. Como se sabe,
la presencia de la ciudad modica
profundamente el clima local, dando
como resultado un microclima urbano
articial más cálido, determinado
fundamentalmente por la geometría
urbana, las propiedades térmicas
de los materiales de construcción,
el calor emitido por la actividad de
los ciudadanos, y la distribución y
abundancia de la vegetación. El papel
de la vegetación en la moderación de
la temperatura urbana se maniesta
a través de dos vías: por un lado, el
efecto de sombra sobre las supercies
que absorben la radiación solar, y, por
otro, a través de la evapotranspiración.
Así mismo, destaca el papel
que juegan los espacios verdes en
relación con el mantenimiento de la
biodiversidad urbana. La ciudad en sí
puede ser entendida como un mosaico
de hábitats; de hecho, la mayor
diversidad de condiciones ambientales
que se generan en la ciudad determina
la existencia de una estructura
de ora y fauna más diversicada
inclusive que la de los entornos
rurales. La biodiversidad urbana está
ligada en gran medida a la presencia
de espacios verdes en la ciudad que
actúan como hábitat, refugio, fuente
de alimento o medio de conexión
con el entorno no urbanizado. Los
objetivos de una planicación del verde
urbano orientada a la conservación
de la biodiversidad incluirían la
provisión de la mayor diversidad
posible de hábitats viables a largo
plazo y con mínimas necesidades
de mantenimiento; la búsqueda de
compatibilidad entre la presencia
Agricultura Urbana para la Sostenibilidad de las Ciudades
89
PAIDEIA XXI
de las distintas especies animales
y vegetales; y la salud, seguridad y
bienestar de los ciudadanos.
Ahora, ningún programa de áreas
verdes estaría completo si no incorpora
actividades de la agricultura urbana.
La AU incluye actividades como la
acuicultura, jardinería comercial,
oricultura, huertos familiares,
cultivo de plantas medicinales y
forraje, manejo de viveros, entre otros.
Se estima que dentro de las ciudades
estas actividades se pueden dar en
más de la mitad de todos los usos
“verdes” de los terrenos urbanos.
Mediante el cultivo de todo sitio
disponible en espacio abierto, incluso
sobre los techos, los agricultores
urbanos contribuyen a incrementar
las áreas verdes de la ciudad,
ayudando a reducir la contaminación,
y a mejorar el microclima y la calidad
del aire. Incluso el hecho de que una
menor cantidad de alimentos tenga
que ingresar a la ciudad en camiones
contribuye a la sostenibilidad y tiene
un impacto ambiental positivo. La AU
ayuda a reducir la huella ecológica
de una ciudad, aun cuando la ciudad
continúa creciendo.
La AU tiene un impacto positivo en
el enverdecimiento y limpieza de las
ciudades, transformando los terrenos
baldíos abandonados y, por lo general,
usados como basurales informales o
espacios abiertos, en zonas verdes,
manteniéndolas como áreas libres
de zonas residenciales, las cuales
producen un efecto positivo sobre el
microclima: sombra, temperatura,
captura de CO2, etc.
Cuando se convierten estos espacios
en “verdes”, no sólo se resuelve un
problema sanitario sino también una
situación social, pasando los vecinos
a disfrutar pasiva o activamente
del nuevo espacio ganado. Tales
actividades enriquecen la autoestima
de los ciudadanos y estimula otras
acciones para mejorar el nivel de vida
de la comunidad.
El concepto de Agricultura Urbana
es una herramienta para mejorar la
calidad de vida de las familias. Tener
un mini huerto en casa trae grandes
benecios y es relativamente fácil de
lograr. El elemento principal es la
disposición de crear en el hogar un
espacio verde, por muy difícil que
parezca.
Cultivar en casa no sólo es una
alternativa sana para quienes preeren
lo natural. Los benecios abarcan el
área de alimentación, salud, consumo
responsable, saneamiento ecológico,
contribuyendo en la disminución
de gases de efecto invernadero, el
embellecimiento del jardín y del hogar,
entre otros.
No se necesita tener jardín para poder
cultivar vegetales o frutas, únicamente
hay que tener en cuenta la necesidad
que tienen las raíces de éstas para
desarrollarse. Por ejemplo, cualquier
hortaliza necesita al menos 40 cm de
profundidad para crecer correctamente,
ya sea en maceteros o en jardín.
En este contexto, los espacios
para la AU dentro de un sistema de
áreas verdes pueden ser integrados
dentro del reuso de aguas, el reciclaje
de basuras urbanas, y pueden ser
Fabiola Alvino
90
PAIDEIA XXI
particularmente importantes para
mejorar la dieta y calidad de vida de
la población de menores recursos y
de todos los que deseen disfrutar del
consumo de alimentos orgánicos.
Es entonces importante para el
desarrollo urbano de las ciudades,
tomar en cuenta actividades de la
agricultura urbana como los huertos
urbanos, así como los parques y
jardines, que ofrecen la oportunidad
para que los habitantes de las ciudades
entren en contacto con la naturaleza.
Además, presentan otras ventajas
importantes: son indicadores de un
cambio de valores, recuperan espacios
urbanos abandonados o degradados,
satisfacen parte de la demanda de
productos ecológicos de bajo costo,
fomentan las relaciones sociales
y el intercambio de experiencias y
productos, ya que se trata también
de áreas de ocio al aire libre. Pueden
también armonizar con los usos
urbanos que se dan en las ciudades,
aumentar los índices de área verde
por habitante y, es más, generar un
nuevo indicador de sostenibilidad de
“área verde productiva” por habitante,
acercándose cada vez más al ideal de
las ciudades sostenibles.
4. ESPACIOS PARA EL
DESARROLLO DE LA
AGRICULTURA URBANA
El ejercicio de la agricultura dentro
de las ciudades no es reciente, aunque
desde nales de la década de 1980
se ha oído hablar cada vez más de la
agricultura urbana (AU) en el mundo.
Se ha desarrollado como fuente
indispensable de alimentación para
las personas con mayores carencias
alimentarias e instrumento de reclamo
para una alimentación más saludable
y un ambiente menos contaminado,
gracias a la generación de áreas
verdes de tipo productivo que la AU
produce. Antiguamente, se manifestó
a través de la relación de la ciudad con
los jardines urbanos y periurbanos en
el transcurso de los siglos,
En cuanto a la zona de transición
entre ciudad y campo, todavía sin
urbanizar o parcialmente urbanizado,
suele denominarse espacio periurbano.
No es campo ni ciudad sino una zona
de transición o interfase entre lo rural
y lo urbano. Es, además, una zona de
intensos conictos de interés entre las
actividades productivas primarias y la
urbanización.
El periurbano supone un complejo
territorial que expresa una situación
de interfase entre dos tipos geográcos
aparentemente bien diferenciados:
el campo y la ciudad. Se trata de un
territorio en consolidación, bastante
inestable en cuanto a la constitución
de redes sociales y de una gran
heterogeneidad en los usos del suelo.
Estas áreas que rodean a las
ciudades resultan de una importancia
crítica para el mantenimiento de
la calidad del aire y del agua del
espacio urbano amanzanado y, lejos
de ser protegidas, se convierten en
un ambiente contaminado. Hay
experiencias en las que estas áreas
han sido motivo de recuperación al
ser utilizadas para la práctica de la
agricultura urbana y periurbana.
Agricultura Urbana para la Sostenibilidad de las Ciudades
91
PAIDEIA XXI
Las expresiones: agricultura
urbana, urban agriculture, agriculture
urbaine o huertos urbanos, se reeren
a supercies reducidas situadas en el
perímetro urbano que se destinan al
cultivo intensivo y la cría de pequeños
animales domésticos, principalmente
gallinas u otros similares; aunque
también, solo que raramente, vacas
lecheras. Esta producción se realiza
principalmente en solares vacíos,
patios y terrazas que se transforman en
huertos comunitarios y familiares; y es
practicada exclusivamente por personas
que viven y trabajan en las ciudades.
Por otro lado, la agricultura
periurbana tiene una connotación
más amplia, y puede abarcar desde
la mini agricultura intensiva y de
subsistencia a la agricultura comercial
realizada en el espacio periurbano.
Las primeras tentativas de denirla
o conceptualizarla proceden de la
décadas de 1970 y están relacionadas
con la teoría de la localización de
Johann Heinrich von Thünen,
desarrollada en la tercera década del
siglo XIX y que estudia la relación y la
distribución espacial de las actividades
productivas alrededor de las ciudades.
En el área metropolitana de Lima
ya se están abriendo los espacios para
promover la práctica de la AU. Más
de 30,000 mujeres y hombres de 16
distritos de Lima se beneciarán con
el programa de agricultura urbana
“Mi Huerta”, que pone en marcha
el municipio limeño, como parte de
sus políticas de generar áreas verdes
para la conservación del medio
ambiente y para contribuir a revertir
la desnutrición, provocada por la
pobreza extrema.
Este programa tiene como objetivo
apoyar y fomentar la agricultura en
la ciudad, contribuyendo a mejorar
la nutrición familiar y los hábitos
alimenticios a través del cultivo
de vegetales, hierbas aromáticas y
medicinales. Asimismo, promoverá
el enverdecimiento de la ciudad con
áreas verdes productivas.
De llevarse a cabo las prácticas
de desarrollo de la AU para nuestra
capital, tal vez de esta manera podría
empezar a acercarse a lo que Richard
Rogers, en su “Cities for a small
planet”, (2000), dene como Ciudad
Sostenible: una ciudad justa, bella,
creativa, ecológica, que favorezca
la sociabilidad; que sea compacta y
policéntrica, además de diversa. Una
ciudad, en n, digna de vivir en ella.
Fabiola Alvino
92
PAIDEIA XXI
5. FUENTES Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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